jueves, 13 de junio de 2013

MESA REDONDA: "A RAPA DAS BESTAS DE SABUCEDO"


Mesa Redonda, organizada  en colaboración con los “Amigos da Estrada e Terra de Montes” 
A RAPA DAS BESTAS DE SABUCEDO 
Fiesta de interés turístico internacional


Invitación a la mesa redonda.
Invitación

MESA REDONDA SOBRE ANTONIO RODRÍGUEZ FRAIZ


Mesa redonda sobre Antonio Rodríguez Fraiz

Museo de Pontevedra.

Con motivo de terse cumprido o centenario do seu nacemento en Santa Mariña de Tomonde (Cerdedo), o Museo organiza para o 7 de maio unha mesa redonda na que se analizarán diversos aspectos da vida e da obra do que foi asiduo colaborador Antonio Rodríguez Fraiz, coñecido como O cura de Campañó por ser esta parroquia pontevedresa onde desenvolveu por máis tempo o seu labor pastoral.

No acto, que, con entrada libre, comezará ás 20:00 h no Sexto Edificio e estará presidido pola deputada de Cultura Ana Isabel Vázquez Reboredo, participarán o alcalde de Cerdedo Silvestre José Balseiros Guinarte, o biógrafo de Rodríguez Fraiz,  José Manuel Cabada Álvarez, o director do Museo do Pobo Galego,  Carlos García Martínez e o director do  Museo do Pobo Galego,  Carlos García Martínez e o director do Museo de Pontevedra,  Xosé Carlos Valle Pérez.


Antonio Rodríguez Fraiz nace en Tomonde, Concello de Cerdedo, Terra de Montes, con la fuerza de la piedra que le dió profundidad y sentido a su vida; su abuelo y su padre fueron maestros canteiros y con la maza y el cincel en la maleta de la inmigración. La piedra que le llevó a reivindicar con fuerza su identidad como gallego cada vez más militante.

En 1926 ingresa en el Seminario de Santiago y allí sufre al tener que hablar en castellano y leer en público “ a fala foi un auténtico trauma para min” A los quince años, escucha a Cabada Vázquez recitar un poema en gallego, ante el Arzobispo. Su amor a la lengua “matria” y su admiración por el poeta de Codeseda, se incendiaron.

Ordenado sacerdote en 1937 es destinado a San Martiño de Moaña como coadjutor y ante la realidad de la represión y los paseos nocturnos hacia el mar, comienza a cambiar la mirada. Los jóvenes o se hacían falangistas o corrían peligro, por ello se lanzó a rellenar carnets de Acción Católica. Organizó veladas literarias, rutas a pie y partidos de fútbol con otras parroquias.

En 1939 es destinado a Vilariño, cerca de Teo en Santiago y allí conoce y traba amistad con Don Raimundo López Pol que fuera alcalde de Santiago, hombre republicano, culto y galleguista que adivinaba una tremenda noche para Galicia y su cultura “foi una lumeira para min”.

En 1940,por concurso, párroco de Cervás y Chanteiro. Reconstruye la iglesia de San Pedro de Cervás del siglo  XII y la de Nuestra Señora de la Merced en Chanteiro. También es capellán del Regimiento de Artillería de Costa del Cuartel de Montefaro. Participa en charlas radiofónicas y publica en revistas.

Es aquí, en Ferrol, donde sube un peldaño en su amor y defensa de la lengua y por Galicia. Invita a Otero Pedraio a dar una conferencia, que por supuesto inicia en castellano, tal como obligaba el permiso concedido por el Gobernador Civil, pero al poco,  pasa al gallego. Aquello fue la apoteosis, Carballo Calero hasta lloró. Al día siguiente cimentó su relación por años con Otero Pedraio con un caldo viudo y un “chusco” del cuartel.

Nombrado párroco de Campañó, toma posesión el 15 de marzo de 1951; dicen que llegó en un carro de vacas, con una pierna medio rota. Comienza a rebuscar en los archivos parroquiales. El decía que en los archivos parroquiales estaba la cultura del pueblo y que no había cultura sin archivos.

Encuentra un documento de 1102 de la donación de una finca de Casal de Rei a los Condes de Galicia, Don Raimundo y Doña Urraca. Descubre una mámoa al lado de la casa Rectoral y cerámica poshalltática en las inmediaciones de la iglesia, levantada sobre un castro.
Con su gestión y presión, se inaugura la luz eléctrica, el día de San Pedro en 1951.
Convence a los parroquianos para que cedan terrenos para la carretera que iba a unir Campañó de Arriba con Pontevedra, argumentándoles que del sacrificio de ahora, serían beneficios posteriores para todos.
Gestiona la burocracia, y con la ayuda de los vecinos se acomete la traída de aguas al Cabaleiro.
Se inaugura la Cros en 1953, que por los daños a la agricultura y a la salud de los vecinos se ha de cerrar en 1970 y por estas tres razones tuvo un fuerte enfrenamiento con el ministro Licinio de la Fuente.
Con la ayuda y donaciones de los emigrantes de Campañó y algunos vecinos, repara la Iglesia.
Por las mañanas, al terminar los oficios religiosos, bajaba en su Lambreta a Pontevedra y allí en la Biblioteca y en el Museo traba amistad con Filgueira Valverde, García Alén, Modesto Rodriguez Figueiredo, Agustín Portela…..

En 1959 inicia su colaboración con Faro de Vigo con la columna “Desde el atrio de la Peregrina”, atalaya de la vida pontevedresa que desde la cultura y religiosidad se fue tornando en una mirada a la participación activa en la cultura y en las necesidades de la gente de Pontevedra. En la toma de posesión de Filgueira Valverde como alcalde, le fija dos prioridades, una, el que las quince parroquias dispongan de escuelas y de viviendas dignas para los maestros. Él también se aplica y crea el Patronato Parroquial para una Escuela de Niños en el Cabaleiro y después una de Niñas.

De ahí viene nuestra relación, porque mi padre, Manuel Cabada Iglesias fue el Maestro de aquella escuela, o Maestro de Campañó, y yo el hijo del Maestro de Campañó, aunque hasta cinco hijos vinieron después.

En 1959 inicia sus viajes a América como Misionero.Lo primero que hizo fue ponerse en contacto con la emigración gallega y así, con los exiliados. Otero Pedraio le dió dinero para entregárselo a la viuda de Castelao, Virginia Pereira. Conectó enseguida con Rodolfo Prada, amigo íntimo de Castelao a quién acogió en su casa. En la Biblioteca de Prada se conjuró para la lucha en defensa de la lengua y madre patria.
Con Súarez Picallo quien “falaba tan ben o galego das Rías Altas”. Allí conoció a Laxeiro a Blanco Amor, Luis Soto…..

En el cementerio de Cacharita, ante el sarcófago de Castelao y en presencia del Presidente de la Real Academia Gallega, ofició la primera misa en gallego y al llegar la epístola y evangelio, Suárez Picallo le dijo “crego deixeme que eu faga as traduccións porque eu inda que por alá din que son herexe, de herexe non teño nada”, tampouco Castelao, que para Don Antonio  era místico.

De los viajes de ida y vuelta a las Galicias de allá, fue creciendo su  entrega a la lengua madre y a la madre patria. No sabemos si al salir de Galicia, la sentía y la veía de otra manera ( nos pasa a todos) o por la influencia de los exiliados; creemos que por ambas razones.

Desde 1962 en Campañó emplea el gallego en la liturgia, pero después, en la Misa de Rosalía, en Santiago o en Iria Flavia, en Santiaguiño do Monte en Padrón o en la “Carballeira de san Xusto”. En esta carballeira volvió a escuchar a Cabada “hoxe hay festa no ceo” en la primera misa del cura de Tomonde, quién tanto había influido en el ingreso en el Seminario de Don Antonio, allí por decir la Misa en gallego y algunos comentarios sobre la tala de “carballos” y algunas alusiones políticas, fue denunciado ante la Guardia Civil de San Jorge de Sacos. .Allí arengaba” San Jorge non existe, e San Xurxo.”  También allí en 1975, en plena homilía, fue insultado por un exaltado, que fue empujado a la salida. Don Antonio conocía bien al exaltado y no le dio importancia.

Mensajes claros en la Misa de Rosalía donde se quejaba de la emigración, abandonando la riqueza de Galicia para trabajar de mala manera, no en países más ricos sino mejor administrados.
Intensifica sus relaciones con el Museo y las publicaciones, Historia de Corozal, Os Milagros de Amil, Campaniola, As pontes do Lérez, Castelao na alma dos escritores do seu tempo, Don Fernando García Leiro, El Monasterio de Acibeiro, Canteiros e Artistas da Terra de Montes e Ribeiras do Lérez, Alicerces, Santa Maríña de Tomonde…..
Participa en la creación del Museo do Pobo Galego, formando parte de su Patronato hasta su fallecimiento; pertenece a la Sección de Historia y Geografía del Instituto Padre Sarmiento del CSIC, a la Comisión de Arte Sacro de la Arhidiocesis compostelana…

Fallece en Campañó el 9 de junio de 1995. Fue un hombre profundamente libre, que creía que la cultura nos hacía libres; como sacerdote se fue alejando de la burocracia y dependencia eclesial y acercándose al pueblo. Imponía de entrada, pero en la distancia corta era asequible por compartir; aprendía de todo y de cualquier manifestación de la tradición gallega la enmarcaba en cultura.

Su legado está en el Museo do Pobo Galego que le dedica una sala; una placa en su casa natal de Tomonde nos recuerda sus orígenes  y otra en la Iglesia de Campañó, su obra.

Desde su lápida en Tomonde, y a través de las nieblas, vigila y sigue cuidando a Campañó, y desde allí,más allá y por los mares a las  Galicias de América.

lunes, 23 de julio de 2012

A Baixa 2012

El  viernes, seis de julio, enfilamos a Costa do Campo a las 8,30 con fuerte ánimo, pese a la previsión, que ya se estaba cumpliendo, de lluvias y nieblas; cruzamos la carretera de Cerdedo - La Estrada, bordeamos los molinos de Vesacarballa, atravesamos el puente de Saramagoso, nos dejamos caer a la izquierda hacia la Carballeira de Pequite, e iniciamos la subida entre acibros que movían las nieblas y las gruesas gotas de lluvia que caía de las hojas de los frondosos carballos; nuestro aliento jadeante, huía con las nieblas.
Salvando un pequeño muro, nos adentramos en una finca de eucaliptos, algunos ya cortados para la “generosa papelera” de la Ría de Pontevedra.
Nos despedimos del asfalto de la carretera de Campo Lameiro - Forcarey y disfrutamos de una pequeña llanura de viejos carballos que resistieron a los altos eucaliptos que los rodean.
De repente el grupo se para, se impone el silencio y miramos con recelo la imponente subida del Marco de Feal, tierra negra, que la erosión castigó sin vegetación. Los más jóvenes se sitúan en la retaguardia por si alguno de los mayores va a necesitar ayuda. No se mira la cima, y tampoco atrás, solo al suelo, la vara se hunde en la negra tierra, las rodillas apenas se doblan, la tensión se agita en torno al cerebro, el corazón se esfuerza, se impone la cadencia del jadeo, no se habla. Al llegar arriba, miramos hacia abajo, pero la niebla se había llevado la cuesta.
Una llanura nos lleva al rumor de los pinos da Espiñeira y tras la siguiente ladera de la montaña ya divisamos el cierre en el rellano del Peón. Allí no hay todavía ninguna grea, aunque sí algunas personas en las barras de los dos chiringuitos tomando bebidas calientes para combatir la lluvia y las nieblas que se enfrentan al sudor del esfuerzo y nos enfrían
Tras algunas discusiones y comentarios sobre las inclemencias del tiempo que estábamos afrontando, decidimos dirigirnos al Cádavo, la ruta más larga.
Al poco tiempo, y quizás para castigar nuestra osadía, arrecian lluvias racheadas y las nieblas nos ocultan lo que está a más de tres metros.
Entre idas y venidas de nieblas nos encontramos con una gran zona vallada del sector terciario del Ayuntamiento de Cerdedo, en el que se anuncia que está prohibido cazar, pero que a nosotros nos impide atravesar y nos obliga a bordear.
La nieblas y las alambradas nos desorientan y en vez de dirigirnos al Cádavo, caemos hacia el monte de A Conla.
Para volver a la ruta del Cádavo, bajamos por un cortafuegos, que en realidad es un cortapiernas, una fuerte pendiente de piedras sueltas y pequeñas que se desplazan al pisarlas y que provocan la caída de más de uno, por suerte con solo magulladuras.
El descenso lento nos obliga a estar pendientes de las idas y venidas de las nieblas y en momentos vemos la grandiosidad del valle a los pies del majestuoso Cadavo.
Por fin pisamos la carretera que nos lleva As Lamas, allí rodeamos a un grupo de diez bestas y cuatro potros y las metemos en la congostra. Los que todavía tenían fuerzas, inician la ascensión al Cadavo y los ya cansados, una fotógrafa belga, Michel, Pablo de Quireza, un padre con dos hijos pequeños nos quedamos cuidado el grupo de bestas.
Las nieblas vienen y van y de repente, mientras nos descubrían el Cadavo se nos aparece una estampa del libro de la selva: uno, dos, tres, cuatro, cinco jabalíes negros y detrás uno, dos, ….. hasta nueve jabatos de color pardo.
A las doce y media nos llaman desde A Fonte do Cabalo, y nos dicen que ya han cogido a grea del Makelele, caballo que hace dos años que no se baja.
Se acercan tres jinetes y tres personas con siete bestas, se escapan y Michel sale como un rayo saltando con la vara entre los tojos. Consiguen reducirlas y con cuidado, para que no se marchen todas, abrimos y entran en la congostra.
Son las tres de la tarde y vemos bajar as greas por la ladera del monte y llegan a la congostra. Son unas 90 bestas, las de los caballos, Makelele, Julio Rey y Chulo, no fue posible bajar la grea del Solitario. Podemos contemplar al poderoso Makelele, fuerte, negro azabache, con una concha blanca en la frente, cerviz rocosa, nervios en la cara, ojos grandes, desafiantes, escrutadores.
Después de un merecido reposo para todos as bestas, los montados a caballo y los de a pié, a las 15,30 se da la orden de reanudar la marcha. Se prepara el cordón y cubrimos los caminos laterales, cuando ya han pasado todas, Pablo de Quireza, nos invita a subir en el jeep hasta el Peón. En principio se lo agradecí pero al rato no tanto. El viejo jeep desbocado, se abría paso entre as piorneiras, grandes arbustos sin espinas, que cubrían todo el camino e impedían ver el suelo y lo que había delante del parabrisas. Las piorneiras golpeaban con fuerza en el cristal del parabrisas, me sentía copiloto de Harrinson Ford, Sylvester Stalone o Jean Claude Van Dame en Birmania, Vietnam, o Colombia, pero no me gustaba el papel. Pablo, y creo que el jeep también, conocían el camino. En momentos el jeep se detenía ante badenes infranqueables, frenaba, Pablo metía una reductora imposible y seguíamos el camino; en otras ocasiones detenía el jeep, me pedía la vara y punteaba en el suelo lleno de agua y vegetación para comprobar la firmeza y la profundidad del terreno. Llegamos al Peón y as bestas todavía estaban de camino. A los pocos minutos se oyen gritos y aparecen as bestas, rodeadas por jinetes y personas que corren, cuando se acercan al cierre entran a galope, capitaneadas por Makele. Son trescientas veinticinco bestas las que hay en el cierre. Nos desprendemos de los chubasqueros y atacamos el bocadillo que llevábamos en una bolsa de plástico atada al cinturón.
El descanso merecido para bestas y personas y el trabajo de los fotógrafos y cámaras de televisión se interrumpe con el grito “Vámonos” que significa que hay que rodear todas as bestas para llevarlas al cierre del Castelo, donde van a pasar la noche. Tres nos adelantamos para llegar al cierre antes que as bestas, pero por el camino encontramos un grupo de veinte bestas perseguidas por tres jinetes y dos personas a pié, colaboramos en su detención y rodeo, hasta que llegan todas as bestas.
Nos adelantamos y llegamos a casa a las siete de la tarde, los que se habían quedado en el cierre, llegan casi a las ocho de la tarde. Cansados, pero satisfechos, contentos y felices; un año más.


miércoles, 27 de junio de 2012

El día da baixa y las rutas en el monte para rodear y traer as greas


El día da Baixa, es, para muchos, el día más bonito de la Rapa, porque se participa más y porque cada uno puede sentir sensaciones muy personales al formar parte de un paisaje impresionante  e irrepetible, porque siempre es único.
Con todo conviene ir preparado para caminar horas por caminos con piedras entre tojos, saltando charcos y pequeños muros.
Con calzado apropiado, con pantalones que te protejan de las espinas de los toxos, con protección solar o chubasquero, con una vara o bastón para ir apoyándose, con un bocadillo y una botella de agua para ir reponiendo.
Provistos de la tecnología adecuada y con ganas de disfrutar de la pureza de horizontes, de las montañas que vemos azules en la lejanía y verdes cuando las pisamos, de las frondosidad de las carballeiras, de los cantos de viento de los pinos, de la huída hacia el cielo de los eucaliptos, de la alegría de las flores de toxos, de los aromas de las flores de  las xestas, de los trinos, colorido y saltos de los pájaros cantarines, de los astutos graznidos de los cuervos, de los graznidos increpantes de las urracas, de los vuelos majestuosos e inquisitorios de las aves rapaces, de aguas de fuentes cristalinas, de sol limpio, de nubes que nos acompañan ó huyen, de vientos que vivifican.
Otra recomendación importante es, atender a las orientaciones, indicaciones, y a veces, órdenes de los mozos expertos de Sabucedo para que la baixa se pueda realizar con éxito y sin peligros ni para las personas ni para as bestas

Ruta 1


La ruta se inicia  en a costa do Campo, camino empedrado y desgastado por miles de caballos a lo largo de 350 años de la historia de la rapa, que sobrevivió a los hierros de las ruedas de los carros de vacas, acariciado por los zuecos de madera, desgastado por las lluvias y agradecido a las botas y deportivas de los alegres excursionistas y hoy, cansado, reposa ya, bajo el asfalto
Se cruza la carretera de Cerdedo-La Estrada y se retoma el camino que se vuelve cantarino porque en paralelo baja el río y, medio ocultos por carballos, se oyen las saltarinas aguas de los molinos de Concha, das Paradas y do Medio que forma parte de la ruta de los Molinos, un conjunto de nueve molinos  que abastecían de trigo, centeno y maíz y de noches seductoras a Sabucedo; hoy recuperados en la ruta Dos Muiños de Devesacarballa.
Atravesamos a Ponte de Saramagoso, puente medieval que ponía límites al pueblo y buscaba los horizontes de los montes; subimos a la carretera que une la de Quireza con Sabucedo, la atravesamos y  nos dirigimos por un camino a la izquierda hasta a Carballeira de Pequite,  aquí, por la derecha, nos adentramos entre carballos  por  un estrecho carreiro, que se va empinando pero lo agradecemos porque nos permite  ir disfrutando, poco a poco, de un bosque de acibros en un paisaje de leyendas y mitos.
Abandonamos la carballeira, salvando un pequeño hueco en un muro a la derecha, atravesamos una finca de eucaliptos y llegamos a la carretera de Quireza- Forcarey, que cruzamos. Hemos llegado en media hora
Iniciamos la ascensión por un camino  de tierra y  llegamos a las faldas do Marco do Feal, un bosque que antes era sólo de carballos, al que bajaban los caballos a gran velocidad en un anuncio de televisión de los setenta “Soberano es cosa de hombres”, hoy ya dominado por eucaliptos.
Miramos hacia arriba y nos desafía una pendiente sin vegetación de tierra negra. Iniciamos  la subida, y a los pocos pasos, su dureza  nos obliga a apoyarnos con fuerza en la vara, los pies pesan, las rodillas se vuelven rígidas, las palabras se mascullan, las risas son nerviosas, los comentarios se acortan, las pulsaciones se disparan y en la cabeza se sienten los golpes de la circulación acelerada. Tienes que pararte, pero ni siquiera te consuela el mirar atrás, aunque falten unos metros.
Esta ascensión es la más dura y se recomienda subirla despacio, parándose de vez en cuando, sin mirar atrás.
Por un camino llano en el que se  alternan piedras con tramos de tierra y hierba, vemos a la izquierda la caseta de Corvos y llegamos al Campo del Espiñeiro,  Chan da Espiñeira. Llevamos andando una hora y cuarto.
Bordeamos la ladera de la montaña, sorteando las piedras del camino y por un camino de hierba, llegamos a una llanura con pinos  y enfrente el Peón.
Aquí no Chan das Queimas hay un cierre parcial de alambre, el cierre total lo completan las personas,  que va a ser el punto de encuentro de todas as greas y de todos los que han ido a buscarlas a los distintos montes.
Llevamos andando hora y tres cuartos,  y desde aquí, desde este punto se puede elegir el acompañar a los grupos que van a buscar los 16 caballos, por cuatro  rutas.
Cada caballo con su grea, ocupa unos determinados territorios y los que los van a buscar lo hacen bajo las orientaciones y órdenes de los mozos de Sabucedo que conocen las distintas zonas del monte como la palma de sus manos, pues son muchos los fines de semana que por una u otra razón suben a los montes.
Se pueden elegir entre cuatro rutas con sus itinerarios en función de la posible localización de as greas y que pueden variar al divisarlas, pero siempre siguiendo  a los grupos dirigidos por un mozo de Sabucedo que elige el camino y adopta la estrategia para rodear y recoger la grea.
Las tareas de la ruta se inician con la búsqueda de a grea que puede estar en algunas de las zonas de su dominio; divisada, se inicia el acercamiento, sin hacer ruido y rodeando a grea en una cordón humano que se  va cerrando; la distancia entre los componentes se irá reduciendo hasta los 3-2 metros.
As bestas siempre intentarán escapar, por lo que no debiera haber fallos en el cordón, pero muchas veces algunas se escapan y lo que hay que intentar es que no se escapen todas, por lo que conviene cerrar el cordón y que un grupo se organice para buscarlas, rodearlas y traerlas de nuevo; se abre el cordón y hay que tener cuidado de que en ese  momento no se escapen todas.
As Bestas, preparan la huída y lo hacen cuando encuentran un hueco en el cordón o cuando presionan sobre un flanco y varios miembros del cordón se concentran allí, dejando el hueco que ellas estaban esperando y al que se dirigen a gran velocidad.
Para evitar que huyan o que presionen por un flanco, además de estar preparados para correr, conviene gritar y agitar la vara al viento para cortar el espacio.